En los últimos 110 años, la esperanza de vida ha pasado de ser 40.7 años de media en el año 1910 a 84 años de media en el 2020. Cuando nacemos, nos espera más del doble de vida de lo que les esperaba a nuestros bisabuelos. Aun así, las nuevas herramientas de las que disponemos, las cuales nos ofrecen servicios (comunicación, información, transporte, comida, …) de forma inmediata, han hecho que nos acostumbremos a quererlo todo para “ayer”.

     Vivimos en un mundo en el que todos queremos estar bien y ser felices, y lo queremos ya. Aunque vivamos objetivamente más y tardemos menos en hacer las cosas, seguimos queriendo más y más, somos avariciosos y todos queremos romper el saco.

     Pero aún con esas, lo que vemos normal es que nuestra “vida útil” acabe a los 65. Tanto correr cuando éramos jóvenes, para luego limitarnos a hacer punto (¡y a mucha honra!) ¿Soy el único que ve muchos agujeros en este plan? Y más teniendo en cuenta que si esta tendencia de aumento en la esperanza de vida continúa, nosotros adolescentes, viviremos 40 años más que la esperanza de vida actual, es decir, viviremos 120 años.

     Ahora nos hemos de preguntar, ¿es este el estilo de vida que queremos para la otra mitad de nuestra jornada? Personalmente, prefiero repartir en mayor medida las experiencias de una forma más equitativa entre estos años, pero al mismo tiempo, seguir llevando una vida de acontecimientos e historias que poder contar.

     ¿Este aumento en la esperanza va a posibilitarnos hacer más con nuestra vida o va a hacer que veamos nuestra muerte tan lejana como para dejar las cosas que queremos hacer para un mañana que nunca llegará?